Mar 02 2008
La tragedia del desarraigo
Acercarnos a un texto clásico es una labor que exige respeto y un cierto temor reverencial. El teatro griego está lejos de nosotros, porque se inspira en una concepción religiosa del mundo que ha llegado a sernos completamente ajena. Su lenguaje seduce, pero no convence.
A pesar de ello, el drama del hombre, que la tragedia griega contiene, no ha dejado en ningún momento de sernos próximo; las grandes tragedias vuelven una y otra vez a recordarnos las miserias, desalientos y desgracias que todavía azotan al género humano. Por esta razón, sin embargo, nos conmueve.
Andrómaca (la que lucha con los hombres) es la tragedia del desarraigo, de la separación de quien, por diversas causas, se ve obligado a habitar en suelo extraño; con la consecuente transformación de sus costumbres para adaptarse a las del entorno en los que ahora vive pero, y aquí subyace la mayor incertidumbre del emigrante, esto conlleva también el angustioso convencimiento de que ya no se pertenece a ninguna parte.
Aquí radica la lectura de esta Andrómaca, la opción que me ha permitido darle una nueva visión a un texto eterno. De este modo, la tragedia se transforma en una conversación sobre temas que están presentes en nuestra realidad cotidiana. En aras de un mayor acercamiento a estos temas, he suprimido alusiones a las cuales ya no somos sensibles porque hemos olvidado las leyendas, pero he intentado conservar la crudeza y el horror de la trama sin olvidar que, en la tragedia griega, el horror se hace majestuoso y la crueldad, solemne.
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